Presentando a Lisbeth Salander


Razones por las que el remake americano presenta mejor al personaje

El objetivo de este artículo es comparar la escena donde se nos presenta a Lisbeth Salander en la película original sueca y el remake americano. O de cómo los pequeños detalles mejoran notablemente una escena. 

Fragmento de Los hombres que no amaban a las mujeres (2009), película original sueca



La escena dibuja a Lisbeth como una chica maleducada e imprevisible, que pierde los nervios y abandona la reunión a las primeras de cambio.

Fragmento de Los hombres que no amaban a las mujeres (La chica con el tatuaje de Dragón) (2011), el remake americano.  



En este caso, podríamos decir que Lisbeth es rara e incluso antipática pero no que es una maleducada. Tiene un carácter difícil pero se controla si se la trata adecuadamente. 

La primera escena (la original sueca) esta bien dialogada y dirigida pero no genera ninguna expectativa previa sobre Lisbeth y envía mensajes contradictorios. La escena del remake americano no solo es visualmente más poderosa sino que también es más coherente y fiel con el personaje. Veamos porqué, apoyándonos en las diferencias.

  1. Quien espera a quién.

    En la original sueca, Lisbeth esta esperando a que llegue su jefe y el cliente. Eso no encaja demasiado con Lisbeth que, por definición, va bastante a su puta bola. Como es ella la que espera, los guionistas suecos se ven obligados a que el jefe y el cliente mantengan una breve conversación sobre ella en los pasillos de la empresa. La expectativa es mínima y vemos a Lisbeth de un solo vistazo.

    En el remake americano son el cliente y el jefe quienes esperan a Lisbeth. Mientras esperan, pueden hablar más sobre ella, utilizando un tono más confidencial y generando una expectativa que Fincher remata con planos de Lisbeth llegando en moto y caminando por los pasillos pero sin mostrar su cara en ningún momento.

  2. Dónde y cómo se sienta Lisbeth.

    En la original sueca, Lisbeth elige sentarse entre el cliente y el jefe. Esto genera varios problemas.

    El primero es que, al estar tan cerca, parece razonable que se saluden. Cuando el cliente toma la iniciativa, ella le niega el saludo y queda como una maleducada. La taza esta puesta para darle una especie de excusa, pero no funciona.

    El segundo problema es conceptual. Un animal herido y desconfiado como es Lisbeth no daría su espalda a nadie. Eso parece entenderlo mejor Fincher, que la sitúa al lado de la puerta, con una posición que transmite que puede marcharse (huir) en cualquier momento. Al sentarla lejos, el saludo ya no se hace imprescindible. Si no quieres llenarte de barro, no vayas al huerto.

    Pero el problema mayor que genera la disposición sueca es que todos los primeros planos de Lisbeth incluyen a su jefe. Un jefe que esta “con ella”, que la tutela y vigila. Ambos forman parte de la empresa y están hablando con un cliente.

    En el remake, Lisbeth no comparte plano con nadie, lo que es coherente con la idea de que es un animal solitario. A nivel de planificación también es mejor porque permite a Fincher encuadrar a Lisbeth muy lejos al principio e ir acercando a medida que la escena gana intensidad mientras que el sueco tira toda la escena de primer plano.

  3. El jefe.

    La versión sueca es más fiel al libro, donde se nos habla de un jefe cincuentón. Pero eso no significa que sea la mejor opción. El libro puede destinar dos o tres páginas a justificar porque un señor tirando a conservador contrate e incluso defienda a una bala perdida como Lisbeth pero no hay tiempo para eso en una película.

    Los suecos se limitan a poner a un cincuentón sin más.

    Los americanos buscan un perfil de jefe bastante más joven y con un corte de pelo moderno. No solo encaja mejor con una empresa de nuevas tecnologías sino que hace más creíble que sienta simpatía por Lisbeth.


  4. Porqué esta enfadada.

    En la versión sueca, Lisbeth esta molesta porque el cliente no se ha leído el informe. Le están haciendo perder el tiempo repitiendo cosas que ya figuran en él. Sin embargo, accede a sentarse y a hacer un resumen. De repente, se enfada y se marcha. Es incoherente lo uno (que acceda a sentarse) y lo otro (que se marche a las primeras de cambio). Cuela, porque con la pinta que lleva, te puedes esperar cualquier cosa pero la escena se resiente un poco.

    En el remake americano, el cliente sí se ha leído el informe y Lisbeth cree que hay algún problema. Aunque el cliente le aclara que el informe es muy completo, ella sigue a la defensiva: si no hay nada más en el informe es porque no procede. El guionista americano captura muy bien lo que es tratar con un carácter díficil. Siempre están a la defensiva e interpretan todo como un ataque personal. Ese vaivén funciona porque Lisbeth va asimilando poco a poco que no hay ningún problema con el informe y que en el fondo, que el cliente le pida opinión es un halago.

  5. ¿Bloomkvist esta limpio? ¿Le pusieron una trampa con el caso Wenerström?

    Lo curioso de este punto es que ambas adaptaciones difieren y mejoran el libro. En el libro, es Lisbeth quien decide dar una opinión personal sobre el caso Wenerström. Eso es incoherente con el personaje y el propio Larsson lo sabe (por eso escribe que el jefe es el primer sorprendido en que Lisbeth emita un juicio personal).

    En la peli sueca, Lisbeth es preguntada y si bien parece no gustarle la pregunta, termina por afirmar que “le han tendido una trampa” antes de marcharse dando un portazo.

    El remake da un paso más allá y Lisbeth se limita a cuestionar la sentencia del caso Wenerström. Es el cliente y no ella quien afirma que le pusieron una trampa a Bloomkvist. Y cuando es interrogada directamente se limita a decir que “esa tarea no se me encomendó”.  Otra vez la diferencia es bastante sutil pero consigue que la Salander huidiza del remake sea más fiel al personaje que el propio personaje ideado por Larsson.

  6. Marcharse o quedarse. 

    En la versión sueca, Lisbeth se marcha dando un portazo, lo que redunda en la idea de que es una malcriada que no sabe comportarse.

    En el remake americano, Lisbeth hace un amago pero se queda, haciendo caso de su jefe. Obedece porque lo respeta. Poco después su jefe la defiende en el tema de la privacidad y la escena termina de cerrarse muy adecuadamente. Lisbeth no es obediente, pero si la tratas con lealtad, ella hará lo mismo.

    Como puede observarse, gran parte del mérito de esta escena recae en el guionista. Y no puedo ocultar que, aunque admiro a David Fincher, me da cierta rabia que todo el mundo sepa que ha sido él quién ha dirigido esta película pero probablemente poca gente sepa quién es su guionista. Steve Zaillan es quizás el mejor guionista actual en la adaptación de best sellers. Ganó el Oscar por La Lista de Schlinder y ha sido nominado hasta en tres ocasiones más por Despertares, Gangs of New York y Moneyball. Ahí queda eso.


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